El científico: Un viaje inesperado

¡Hola carbonian@s!

Esta semana no he podido hacer los deberes, lo siento. Estamos a jueves y tengo que publicar una #carbonoticia inexistente. Tengo algún borrador, alguna idea de esas que salen de los descartes de otros post. Ideas que son como las líneas de tiempo de Loki ¿Habéis visto la serie? Digamos que es inquietante. A mí me ha gustado, aunque viniendo de una friki de Marvel y Star Wars, es posible que mi opinión no sea muy objetiva.

Podría poner mil excusas. Se me estropeó el ordenador, el perro se lo ha comido (¡pobre Leo!), se me ha olvidado que tenía que hacerlo… solo la primera es un poco cierta. Pero en realidad, no es la razón para que hoy, 22 de julio a las 8 de la mañana, esté de nuevo frente a una hoja en blanco pensando qué contaros.

Lo cierto es que, estas últimas semanas, no he podido pararme a pensar. Había que entregar trabajos de fin de máster, hacer las evaluaciones de los estudiantes de doctorado, revisar un par de artículos, asistir a una media de 3 reuniones virtuales al día (con el trabajo que generan), discutir con otros científicos varias propuestas de proyectos y unas publicaciones que tenemos en marcha, corregir una tesis, revisar los resultados del laboratorio para que la gente pueda avanzar, obras en la planta de cultivos y para más inri, la dirección accidental del centro. Y esto solo en lo que se refiere al trabajo. Vamos que, en realidad, no he podido pararme a pensar en qué contaros, pero sí en otras muchas cosas.

No llores por mí

¿Por qué os cuento todo esto? No es una queja. Es más una reflexión. Mañana, hará 18 años que defendí mi Tesis Doctoral. Vale que sea algo para celebrar, pero ni por asomo pensé que iba a ser con unos Juegos Olímpicos. Esta vez os habéis pasado 😉

Tal día como hoy, hace 18 años, estaba intentando ensayar mi presentación mientras mi hija mayor, que todavía no había cumplido 2 meses, hacía lo posible por distraerme. No hate. ¡Estaba tan contenta! Por fin, iba a cerrar una etapa de mi vida como investigadora y veía un montón de posibilidades ante mí. Todavía me quedaba mucho por aprender, pero no iba a ser yo la que me pusiese trabas para eso.

Las reuniones de los proyectos de investigación te permiten conocer otros lugares. Aquí una servidora en Mbour, Senegal. Merece la pena

Un viaje inesperado

Por buscar analogías con alguna película (ya tardaba ¿no?) la vida del científico se me antoja como la del Hobbit y su viaje inesperado. En primer lugar, porque como Bilbo Bolsón, que viajó con Thorin Escudo de Roble y los 12 enanos, necesitas compañía para este largo viaje. Como investigador en formación durante tu tesis, es imprescindible confiar en tu director (o directores) que como Gandalf te irá guiando por el camino desconocido de la investigación. A veces diciéndote por donde seguir y otras dejándote solo, aún sabiendo que por ahí no encontrarás lo que estás buscando, pero con la convicción de que sabrás aprovechar lo aprendido en los caminos sin salida. Y sí, sabe que tienes el anillo, aunque no te lo diga.

Siguiendo con la analogía, Thorin puede ser tu tutor, un doctor reciente de tu grupo o un postdoc. Ha de ser alguien que conozca la zona y se haya enfrentado a Smaug, el más grande de los dragones del Norte, preferiblemente hace poco. La prueba viviente de que es posible llegar al final. Huelga decir que los 12 enanos están igual de perdidos que tú. Son los doctorandos de tu área o de otras. Compañeros de horarios imposibles, de fines de semana en el lab, de cañas tras una dura jornada de trabajo. Con los que discutes tu trabajo y el suyo, criticáis a vuestros respectivos Gandalfs y tenéis ideas locas o geniales sobre posibles conexiones de vuestros temas de investigación.  

Con todos ellos y otros que irás conociendo en el camino llegarás al final de esta etapa. Eres doctor. Ya queda menos.

La desolación de Smaug

Lo suyo ahora es que te vayas de estancia al extranjero. Podrás ver cómo se hacen las cosas en otros lugares e idealmente aprovecharás el tiempo para publicar al máximo. Es importante que sepas, pequeño padawan, que para completar tu formación necesitas conocer otros centros de investigación, preferiblemente extranjeros. Para mi es absolutamente imprescindible. La perspectiva que te da salir de tu zona de confort en este momento te vendrá muy bien en un futuro próximo. No lo compares con la emigración de nuestros mayores, porfa, que está feo.

Toca elegir con quién y a donde ¿Con los Elfos a Rivendel o con Bardo a Esgaroth, la Ciudad del Lago? Debes seleccionar bien el o los laboratorios donde hacer tu postdoctorado para no acabar atrapado por un grupo de orcos. Algunas de la preguntas que deberás hacerte son ¿continúo en la misma temática o cambio de tema? ¿Seguiré aplicando las mismas técnicas con propósitos distintos o voy a aprender técnicas nuevas? ¿Me entiendo bien con el responsable del lab al que quiero ir o no hay manera de ponerse de acuerdo? ¿Publica? ¿Tiene un equipo? ¿De dónde saco el dinero para hacer lo que quiero hacer? ¿A qué convocatorias puedo acceder? Hay otras cuestiones más personales que tendrás en mente, pero para esas cada uno tenemos nuestras propias respuestas.

La batalla de los cinco ejércitos

Bilbo consiguió distraer a Smaug y evitó ser quemado. Tú has terminado el postdoc. Supongo que ahora ya tienes claro que en todas partes cuecen habas y que la investigación es una carrera de fondo. Antes de que Smaug se cargue todo Esgaroth tienes que decidir qué vas a hacer de tu vida. Normalmente las opciones son: 1) quedarse en el extranjero con algún contrato en el mismo sitio u otro; 2) volver a casa y reincorporarte a tu antiguo grupo de investigación; 3) volver a casa pero a otro laboratorio (En estas 3 toca ser Thorin :-)); 4) apuntarte a todas las convocatorias de plazas y contratos que salgan o preparar oposiciones y 5) “Carmiña lo dejo que esto es muy estresante” como diría Pazos en Airbag.

No te diré que va a ser fácil, ni que va a salir a la primera. Mi padre me decía esta frase durante el proceso “Hagas lo que hagas tienes que intentar ser la mejor”. Con su permiso, te la regalo. Y no, la palabra clave no es “mejor” si no “intentar”. Inténtalo, trabaja, colabora, sé honesto, consecuente, audaz, no mires lo que hace el de al lado y no tengas miedo a equivocarte o a decir no sé. Necesitamos científicos así. Haz el resto del camino con los ojos bien abiertos porque hay oportunidades que no son fáciles de reconocer. Por mi parte dejaré la luz encendida como dice la canción de Tom Walker.

Hasta la próxima 😉

#SinCienciaNoHayFuturo

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