Cuando los árboles no nos dejan ver el bosque

Los bosques

Hoy me gustaría que nos adentráramos en el bosque…

Desde que empecé mis estudios, me di cuenta de lo importante que es entender qué es un bosque. Más aún, cuando comencé a estudiar las plantas, cómo éstas se distribuían y qué nichos ocupaban, y más, cuando después comencé a comprender lo importante que era la relación de las plantas con el suelo, los hongos, los briófitos, los líquenes, los insectos, los insectos muy muy diminutos, las bacterias, las aves, los ungulados… y así, empecé a fijarme en la existencia de un sinfín de relaciones cuyo secreto, es indescifrable, pero innegable.

Existe una invisible relación cíclica totalmente armónica entre los componentes de los bosques y que, a medida que aprendes a observarla, más aprecias. Todos los organismos que participan en ella, conforman la llamada «diversidad biológica forestal» y ésta es el resultado de miles de años de evolución conjunta, superando cambios climáticos y perturbaciones. Además, los bosques no incluyen únicamente los árboles dominantes, sino que el concepto de bosque implica que se incluya las especies que colonizan los bordes o los claros de bosque tras una perturbación. Es lo que se conoce como orlas o etapas seriales, con un elenco de diferentes especies de herbáceas y arbustos que cumplen funciones ecológicas muy diferentes, actuando como tampones protectores, como refugios de biodiversidad, sujección de suelos, retención de agua, etc.

La variedad de especies presentes en los bosques europeos se encuentra totalmente determinada por la historia del continente europeo: los cambios climáticos, las glaciaciones y las barreras geográficas limitaron fuertemente la migración de taxones. A estas dificultades hay que añadir, además, las alteraciones producidas por el ser humano y sus actividades, algunas de ellas con una alta capacidad para transformar el entorno, como el uso del fuego.

Actualmente, la comunidad científica se ha planteado una serie de cuestiones relacionadas con la preservación de aquellos bosques más valiosos desde el punto de vista de la conservación. Existen numerosos estudios que abordan los tipos de bosques existentes y la gestión necesaria para llevar a cabo un aprovechamiento sostenible de los mismos. Sin embargo, las definiciones de tipos de bosque no siempre coinciden, aunque en la actualidad se encaminan hacia el mismo objetivo: una clasificación operativa que permita un equilibrio entre una adecuada gestión y la conservación de la biodiversidad.

Así que… ¡Ojo! Ni todas las superficies arboladas son bosques, ni todos los bosques deben ser objeto de la extracción de recursos o gestionarse desde el punto de vista utilitarista para responder a nuestras necesidades materiales.

Bosques prístinos, primarios, secundarios y repoblaciones o plantaciones

Los bosques prístinos, son aquellos que nunca fueron talados ni perturbados por el hombre. Estos bosques son prácticamente inexistentes en Europa, aunque aún podemos encontrarlos en algunos lugares recónditos del planeta, manteniendo dicho estátus gracias a su inaccesibilidad. Es por ello que, este término se ha ido redefiniendo y adaptando para poder hacer una clasificación operativa y actual que permita una distinción de los bosques, orientada a una correcta gestión. Los bosques primarios, siguiendo la clasificación de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) son aquellos regenerados de manera natural, compuestos de especies nativas, en los cuales no existen indicios evidentes de actividades humanas y donde los procesos ecológicos no se han alterado de manera significativa (El estado de los bosques del mundo. FAO, 2020). Los bosques más valiosos desde el punto de vista de la conservación, son los bosques primarios. El estudio más completo disponible actualmente sobre éstos en Europa apunta que representan el 0,7% de la superficie forestal europea, excluida Rusia (Sabatini et al., 2018). La mayor parte de los que quedan en la Penínula, lo hacen en Los Pirineos, quedando algunos reductos aislados en la Cordillera Cantábrica. Son además, muy importantes por su relación con los «especialistas», especies cuya supervivencia depende de ellos, porque no pueden vivir en áreas degradadas o son sensibles a la presencia humana, como el oso o el urogallo. Estos bosques albergan, además, una serie de procesos complejos y muchas veces desapercibidos que son cruciales para el mantenimiento de la biodiversidad, como los relacionados con los troncos muertos, la luz primaveral que consigue alcanzar el suelo o las plántulas que alcanzan el éxito bajo la protección de un pequeño arbusto. La gestión de estos bosques ha de encaminarse a la mínima intervención o la gestión derivada de evitar riesgos, siempre conducida por especialistas y nunca para la extracción de recursos.

Pinar de Lillo (Cofiñal, León). Zona de Reserva del Parque Regional de Picos de Europa. Este bosque autóctono es un reservorio de Biodiversidad, que además de por su interés florístico, lo es por albergar un diverso conjunto de briófitos, hongos y líquenes considerados raros y/o amenazados (VIPAs. Alfaro et al., 2019). Fotografía cedida por A. Fernández Salegui.

La FRA (Evaluación de los recursos forestales mundiales) reconoce los boques primarios dentro de aquellos que se regeneran de forma natural, distinguiéndolos, además, de aquellos que no cumplen los criterios para incluirse como bosques primarios, pero que se han ido regenerando por sí mismos (también conocidos como bosques secundarios). En España, en general, la superficie de los bosques secundarios se ha visto aumentada, debido a cambios en los usos del suelo y el abandono generalizado del medio rural y las prácticas agrícolas y ganaderas. La FRA distingue, además, los bosques plantados, desglosados a su vez en plantaciones forestales (con una gestión intensiva, compuestos principalmente por dos o tres especies arbóreas, nativas o exóticas, de la misma edad, plantadas con un espaciado regular y establecidas sobre todo con fines productivos) y repoblaciones (que pueden ser, por ejemplo, restauraciones ecológicas de composición similar al bosque autóctono y que responden a un criterio acorde con la biogeografía de la zona en la que se plantan).

Exceptuando los bosques primarios, el resto de bosques son susceptibles de gestionarse para abastecer a los pobladores locales mediante un aprovechamiento regulado y sostenible, aunque no todos de la misma manera, por supuesto y bajo criterios modernos. Buena parte de los pinares que encontramos actualmente en los montes de España son plantaciones forestales para extracción maderera o repoblaciones que, aunque se hicieran con pinos autóctonos ibéricos, respondían a criterios de gestión diferentes de los actuales (ver: CREAF, 2018). Sólo hay que dar un paseo por el Pinar de Lillo (Imagen 1) y compararlo con las plantaciones forestales aledañas para ver la riqueza de organismos y la diversidad que encierra en su interior.

Plantación forestal de Pinus sylvestris en la provincia de León. Fotografía cedida por Victoria Ferrero

Es posible que estos términos no contenten a todos los agentes dedicados a la gestión forestal, sobre todo a aquellos que gestionan respondiendo a criterios económicos y no ambientales. Es el caso, por ejemplo, de empresas que anuncian que han generado X empleos o Y hectáreas de bosque, pero lo que han realizado, en realidad, es una plantación monoespecífica cuyo futuro es la producción maderera o de papel. Es cierto que estos recursos son necesarios, pero también, que esas plantaciones no son el bosque que prometen sus carteles publicitarios o los números de sus informes. Muchas interacciones a lo largo de otros miles de años van a hacer que, quizás, si no hemos eliminado la capacidad de resiliencia del ecosistema, erosionado el suelo o eliminado el banco de semillas, esa plantación vuelva a ser un bosque maduro… Pero eso conlleva tiempos lentos que no responden a las necesidades inmediatas y criterios de valoración de la sociedad actual. Por eso es necesario un equilibrio y un compromiso de preservar los valores naturales. Desde luego, esta clasificación es una realidad todavía muy simplificada para las personas que se encargan de la gestión de la biodiversidad. Habrá que trabajar de manera conjunta para asegurar la mejor respuesta posible.

Por otro lado, la biodiversidad no es una cuestión de proteger únicamente los bosques maduros. Los usos y labores tradicionales también son valiosos, pero esa historia, os la cuento otro día…

Queridos carbolectores, os invito a mirar a vuestro alrededor y ver no sólo los árboles, sino también el bosque…

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8 comentarios

  1. Una excelente y necesaria síntesis, casi de obligada lectura, para comprender realmente qué es un bosque (y qué no). Bravo una vez más!

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