Are you human? ¡Test de Turing para humanos YA!

Buenos días carbonian@s,

En mi última entrada hablaba de los asistentes virtuales, a raíz de Sam, el futuro asistente de Samsung. Cuando mi novia leyó aquella entrada, estuvimos hablando un rato y me hizo varias preguntas interesantes. Por ejemplo, ¿por qué todos los asistentes virtuales llevan nombre de mujer, o los asociamos con nombres de mujeres? Ya sea Siri, tal vez influenciados por The big Bang Theory, Alexa o Sam, cuya imagen iba a ser femenina, tal y como expliqué en mi anterior post (OK GOOGLE! LLAMA A SAM) ¿Hay machismo en el mundo informático que no puede haber un asistente masculino y seguimos perpetuando la imagen de la secretaria joven que nos atiende en todas nuestras necesidades? En este caso yo respondería un Sí contundente, aunque sería mi opinión personal. Pero sólo habría que hacer una búsqueda de imágenes en Google a ver que nos sale, para comprobarlo.

Fig.1. ¿Hay machismo con los asistentes virtuales? (Fuente: https://pixabay.com/es/)

Una segunda pregunta sería sobre el famoso Test de Turing. ¿Qué es? ¿Cómo funciona? ¿Podrán las máquinas llegar a pasar algún día este test?

Nuestro compañero Oliver Díaz ya trató este tema en una entrada antigua (¿Se puede distinguir entre robots y seres humanos?) pero yo, en el post actual, quisiera hacer una revisión. No desde el punto de vista de la máquina, sino desde el otro lado. ¿Somos los hombres capaces de pasar el Test de Turing?

¡Pero bueno! ¡¿A qué viene esto?! ¡Por supuesto que sí! …. ¿O no?

Aquel día, hablando sobre los asistentes virtuales, mi novia me enseñó un meme. Yo lo calificaría como meme aunque tenía la apariencia de una captura de pantalla de una noticia. La idea era que tres personas se habían sentado a dialogar con un interlocutor desconocido a través de un ordenador y, al otro lado, la conversación podría estar guiada por un hombre o una inteligencia artificial. 

El interlocutor desconocido, cada vez que le hacían una pregunta, mantenía la tesis de que todas las situaciones posibles, ya habían sido descritas y, particularmente, ponía ejemplos literarios, sin ir más lejos, de los escritos de William Shakespeare, de los que se podría llegar a extrapolar “todos los conocimientos del mundo”. Algo parecido a los que mantienen que todas las historias del mundo se pueden encontrar en los 9 libros de Historia de Herodoto (que ya hace un par de … bueno, 2500 años que se escribieron) y el resto sólo se trata de repetir los mismos errores

De ese modo, la conversación de aquel “memético” test de Turing derivó en una charla sobre Shakespeare, tema, en el cual el interlocutor desconocido mantenía un alto conocimiento. El resultado fue que las tres personas que realizaban este test concluyeron que una persona no podía tener unos conocimientos tan profundos de la literatura de Shakespeare ni tener tan pocas habilidades sociales como para tener que centrar todas las conversaciones en ese tema. Por desgracia, el interlocutor desconocido resultó ser un catedrático de literatura, especialista en el escritor inglés, cuyo trabajo se había convertido en obsesión vital y un medio filosófico para entender los desarrollos vitales.

Todos tenemos un cuñado o un primo o un suegro parecido. Centrado en un tema y que no puedes hablar con él porque no hay modo de razonar y siempre cree tener razón. Y, si no tienes ningún pariente de estas características, piensa en Sheldon Cooper (The Big Bang Theory). De ahí viene mi pregunta. ¿Podría pasar esta persona el test de Turing? Are you human?

Hablemos del test de Turing. En 1950, Turing, en su ensayo “Computing Machinery and Intelligence” escribe “Propongo que se considere la siguiente pregunta, ¿Pueden pensar las  máquinas? ¿Existirán computadoras digitales imaginables que tengan un buen desempeño en el juego de imitación?”

A pesar de que hablamos de Test de Turing, no existe un único test o un test estándar para comprobar la capacidad de los ordenadores para hacerse pasar por humanos. Turing planteó al menos dos pruebas distintas. Y se han realizado múltiples competiciones a lo largo del mundo para comprobar si las inteligencias artificiales son capaces de jugar el juego de la imitación, es decir, comportarse o imitar a personas reales. 

Las variantes del test de Turing consisten en, por ejemplo, la típica conversación entre dos “personas”, un interrogador (o varios) y un interlocutor desconocido, tal y como se plantea al principio de este texto. Una segunda opción es utilizar a un interrogador y dos contertulios, de modo que el interrogador pueda comparar las respuesta del interlocutor desconocido con un “ground truth” humano. Es decir, el segundo contertulio estamos seguros de que es humano y podemos ver cómo reacciona con respecto al interlocutor desconocido. O, por hacerlo más complicado, los dos interlocutores son desconocidos, uno humano y otro máquina pero, ¿sabríamos distinguir cual es cual?

La pregunta de si el interrogador ha de saber que hay una máquina en la conversación también es tema de disputa cuando se habla del test de Turing. Si el interrogador no lo supiera, si hubiera dos IAs respondiendo al investigador, o ninguna, ¿cambiarían los resultados?

Una muy particular concepción del test de Turing podría encontrarse en la película Ex-machina (2015), de la que, ya puesto, voy a hablar de su promoción. Para hacer la promoción de la película, unas semanas antes de su estreno, se utilizó una imagen de la actriz protagonista (Alicia Vikander) en una famosa app de citas (tal y como Tinder) y un bot para simular la conversación. Durante unos días, los usuarios de esta app podían hacer match con la famosa protagonista, o eso creían, y mantener una pequeña conversación con ella. Resulta que más de uno se dio cuenta de que había sido engañado cuando se destapó  la treta publicitaria.  No vamos a hablar si esto cuenta como test de Turing y nos vamos a centrar en el film.

Fig 2. Promoción de la película Ex-machina, con Alicia Vikander, en una famosa app de citas
(https://cargocollective.com/arindelaney/Ex-Machina-Tinder-Turing-Test)

El argumento de la película va, precisamente, sobre máquinas y engaños. En base, un desarrollador de software de una gran empresa es invitado a pasar el fin de semana en casa de su jefe, un genio de la IA. Éste es un personaje huraño que se ha pasado años encerrado en su inmensa casa, desarrollando robots con forma humana y perfeccionando los algoritmos de IA para que puedan pasar por personas. Y entonces se dio cuenta de que eso, para él, ya no era un reto. El reto era hacer un robot al que se le vieran “las tripas”, todo el conjunto de cables y engranajes y, aún así, convencer a la otra persona de que aquello era más que un robot con IA. 

El pobre desarrollador de software no sabía dónde se metía por querer pasar un fin de semana en la casa de campo de un millonario. Pero, sobre todo, nos sugiere otra concepción del test de  Turing. Sabiendo directamente que es máquina, ¿podemos encontrar “algo más”? 

Algo así le ocurre a Joaquin Phoenix en Her (2013) donde, directamente, se enamora de un sistema operativo. 

Todavía estamos muy lejos de que estos ejemplos se conviertan en realidad… ¿o no? Si un humano, con bajas capacidades sociales, podría fallar el test de Turing, ¿por qué una máquina no podría pasarlo? ¿Sabrías tú decirme si estas líneas las escribe una máquina o una persona?

Con estas cuestiones os dejo, carbionian@s. Pasad buen puente!!

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