Una bióloga en un barco de pesca

views
146

Pues hoy he decidido cambiar la entrada que tenía prevista porque me apetece hablaros de como llegué a trabajar como bióloga en los barcos de pesca… ¿Y por qué? Pues porque el 11de febrero se celebró “el día de la mujer y la niña en la ciencia” y por ese motivo llevo unos días dando charlas a escolares de distintos cursos en colegios e institutos. Me gustaría que mi historia (y la de muchas de mis compañeras) sirviese de ejemplo para demostrar que para trabajar en algo que os guste no hace falta ser la más lista de la clase ni tampoco tener una vocación temprana.

Con mis compañeras del Centro Oceanográfico de Vigo contando nuestra experiencia como mujeres que trabajan en investigación pesquera a un grupo de alumnos en el MUNCYT de A Coruña.

Yo os tengo que confesar que cuando tuve que decidir la carrera que quería estudiar, biología me parecía un buen plan pero también magisterio, matemáticas, química… Al final estudié biología y cuando llegó el momento de empezar a buscar trabajo me encontré con una cruda realidad: muchas biólogas y biólogos (y con expedientes más brillantes que el mío) para pocas ofertas de trabajo. Después de un tiempo enviando mi escaso curriculum a todos lados, apareció mi gran oportunidad: me llamaron para ir a bordo en un barco de pesca que estaba en… ¡las Islas Malvinas!

En el mapa en rojo están señaladas mi “zona de confort” (mi casa) y mi “zona de trabajo” (las Islas Malvinas).

Y acepté sin pensarlo: ¡Iba a trabajar como bióloga y encima me pagaban! Después de un largo viaje, llegué a un barco pesquero en el que fui recibida con mucha amabilidad y gran curiosidad por parte de la tripulación. Y pusimos rumbo al caladero… ¡empezaba el trabajo! Lo primero que recuerdo es el mareo, que me duró unos cuantos días, justo los que tardamos en llegar a la zona donde se iba a pescar (menos mal). Adaptarse a vivir en un barco con una tripulación de más de treinta personas no fue fácil: el barco se movía mucho (era invierno y los temporales contínuos), el espacio era muy pequeño, no entendían bien que estaba haciendo allí, tampoco era parte habitual de la tripulación, estábamos obligados a una convivencia muy cercana y casi permanente…y yo era la única mujer a bordo.

Todos estos inconvenientes que parecían insalvables desaparecieron cuando nos pusimos a trabajar, cada uno sabía lo que tenía que hacer (y yo fui aprendiendo sobre la marcha, que remedio).

Ejemplo de un “parque de pesca” donde trabajan los marineros preparando el pescado y yo recogiendo muestras y datos de cada pesca.

Desde el primer momento, el contacto directo con el mar, la pesca y la gente que trabaja en estos barcos me fascinó y entonces supe que había encontrado mi sitio… Y en ello sigo.

Esta entrada va dedicada especialmente a las chicas (y chicos) que no saben a lo que se quieren dedicar o qué tipo de estudios hacer, porque seguro que tarde o temprano encontrarán su camino.

Y para acabar, el consejo de la experiencia: Hagas lo que hagas, hazlo con pasión.

¡Hasta la próxima entrada marina! 🙂

2s comentarios

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *