Ni huesos nuevos ni cuernos

En serio, el sensacionalismo periodístico se nos está yendo de las manos…

Ni los científicos alertan de la aparición de un nuevo hueso en la base del cráneo, ni nos está creciendo un cuerno por el uso del móvil.

No. No. Y no. Los marcadores óseos son más viejos que el hilo negro, incluso mucho más que nuestra propia especie.

El antropólogo físico ha estudiado estos marcadores musculoesqueléticos, marcadores de estrés ocupacional o entesopatías (sin entrar al matiz teórico entre entesofitos y osteofitos) desde que se comenzaron a estudiar restos óseos, humanos y no humanos. Y digo no humanos también porque donde hay articulaciones o inserciones músculo-esqueléticas puede llegar a haber lesión, y si hay lesión queda marca en el hueso.

Uniones entre músculos y huesos

Nuestros músculos se unen al hueso a través de ligamentos. Cuando hay esfuerzos tensionales intensos o éstos, sin ser intensos, son repetidos en el tiempo pueden provocar microfracturas en el ligamento. ¿Y qué hace nuestro cuerpo? Tan sencillo como sustituir lo que era ligamento por hueso, quedando unas espículas.  Hasta aquí iría todo normal si no se hubiese cometido un error garrafal en los artículos origen de tal explosión de desinformación, y es que correlación NO implica causalidad. ¿Un hueso nuevo por usar el móvil? Ejem…

Quien haya visto una radiografía, TAC, escáner o hueso seco, actual o de nuestros antepasados, sabe que esa protuberancia occipital externa en el cráneo tiene una cantidad de variación en su normal anatomía importante y que siempre ha habido individuos que la presentaban y que la siguen presentando. De verdad, no es nuevo. Y no nos volvamos locos, la mayor influencia para la aparición de estos marcadores en los huesos es la robustez de las zonas de inserción músculo-tendinosas, que vienen determinadas por un componente genético (a veces ligado al sexo, ya que en los varones se presenta de forma más prominente y con mayor frecuencia) y/o por hipertrofia muscular y, en este último caso, sucede por sobrecarga de las inserciones ligamentosas. Fin de la cita.

Y es que hay marcadores de ligamentos en todos los huesos en los que hay inserciones musculares. Más o menos desarrolladas, marcadas, llamativas, dignas de ser medidas y de poner en contexto… Y es que en el campo de la Antropología Física hay infinidad de estudios asociándolos a labores de intensa actividad física en poblaciones históricas; en nuestros antepasados. Pero de ahí a decir que es por usar el móvil…

La cabeza nos pesa un montón

Soportar un cabezón que ronda los 4,5-5kg no tiene que ser fácil para nuestros músculos, vértebras cervicales, ligamentos… Pero un estudiante también tiene que soportar ese peso y hay estudiantes de muy larga trayectoria. Habrá que ver si los benditos opositores también lo han desarrollado, porque estar 10 horas diarias soportando el peso de la cabeza en posturas imposibles porque ya no saben ni cómo sentarse en el opozulo, debe ser para tener una protuberancia occipital para exponer…

Y como muestra un botón. Os muestro la imagen del cráneo de un señor de época medieval de una zona montañosa. Ahí estaba él, tan tranquilo, con su protuberancia occipital externa hiperdesarrollada, porque todo el mundo sabe que en la montaña el WiFi y el 4G están siempre “a tope de power” y en la Edad Media ¿¡quién no tenía un smartphone!?

Total, que el alboroto por esta noticia es inexplicable. El primer artículo se publicó en 2016 y el segundo referido al tema hace un año y medio. ¿Por qué ahora todo el mundo saca de contexto ese artículo que está hecho regular? ¿Os habéis fijado la cantidad de gente con el pelo rapado, sean deportistas o no, a la que se le nota la protuberancia occipital externa? ¿No? Pues tenéis ante vosotros un interesante estudio de campo incluso en la cola del súper.

En definitiva, que no nos líen con tanto ruido. Por descontextualizar el contenido de una publicación y haberlo hecho viral, han conseguido quedar en evidencia los medios de comunicación de medio mundo. Y no, una de las revistas en las que se publicó el artículo del revuelo no es Nature, es Scientific Reports. ¡Que no es lo mismo!

Y hoy, más que nunca, os deseo ¡que el pensamiento crítico os acompañe, carbonian@s!

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