Huesos. Del terreno al laboratorio

En varias entradas os he comentado los resultados obtenidos tras el estudio de los huesos de nuestros antepasados, pero nunca os he contado cómo se lleva a cabo ese estudio en el laboratorio. Vamos a ello.

En una ocasión, una estudiante de Secundaria me preguntó qué diferencia había entre lo que se hace en antropología esquelética y la profanación de tumbas… Pues bien, en primer lugar la profanación de tumbas es ilegal.

Para estudiar los restos óseos hay dos posibilidades, que el equipo sepa a priori dónde puede haber restos humanos (de interés científico o no, eso se verá después) o que surjan en lo que se denomina “excavaciones de urgencia o urbanísiticas” (cuando se excava un terreno en el que se va a construir y aparecen restos humanos). En este momento se paraliza la obra ante el afloramiento de huesos, se avisa al arqueólogo territorial y se forma equipo para proceder a la excavación de esos restos óseos. Por tanto, hay un procedimiento legal en el que es obligatorio solicitar el permiso correspondiente a la Administración Pública competente para poder manipular esos huesos.

Esos restos humanos suelen almacenarse en bolsas de papel, para que el hueso “respire” y no genere mohos por la humedad condensada. El contenido tiene que estar perfectamente etiquetado con los huesos que son, de qué individuo… y esas bolsas son incluidas en cajas de cartón.

Esos restos son trasladados a la institución depositaria correspondiente, que puede ser, por ejemplo, una Universidad, y es ahí donde comienza el proceso de estudio de la población excavada.

En el laboratorio

A continuación, se sacan los huesos de las bolsas, individuo a individuo, y se limpian con cepillos suaves, humedecidos con agua, para poder ver bien la superficie del hueso y detectar posibles lesiones, anomalías, desgastes, recrecimientos óseos…

Una vez limpios, se extienden sobre papel secante y se dejan a termperatura ambiente un par de días para que sequen. Este paso es importante para poder reconstruir después los huesos, que en muchas ocasiones están rotos.

Vamos, que nos pasamos algunas semanas (si la población es grande) haciendo puzles con huesos y pegamento. Es muy entretenido y un gran rompecabezas identificar pedazos de hueso que hay que ir encajando sobre la pieza mayor encontrada. Ardua tarea pero muy gratificante, porque gracias a esa reconstrucción podemos comenzar el estudio.

El procedimiento comienza estimando el sexo más probable del individuo, para posteriormente estimar su edad biológica (si es infantil, adulto joven, maduro o senil), tomamos medidas para conocer su estatura, su robustez y observamos qué lesiones se ven los huesos que nos puedan dar pistas sobre su modo de vida (entesopatías) y/o las enfermedades que afectaron a los individuos de esa población.

Después se pasa al proceso de documentación. Leer y leer documentos que nos ayuden a poner en contexto a la población que estamos estudiando. Debemos conocer el estudio que hayan hecho los arqueólogos para conocer la época histórica en la que ubicar a esa población, leer sobre la historia del lugar (si es que existe esa documentación; en poblaciones de épocas históricas antiguas es bastante complicado), es importante saber qué situación económica, social y política se estaba viviendo en ese momento…

Finalmente, se hace un informe técnico general de la población a modo de resumen, para después ir a la investigación en detalle de asuntos particulares. Por ejemplo, centrarse en el estudio solo enfermedades articulares, o solo el estudio de la composición de la población por edades y sexo, o solo una parte muy concreta del esqueleto de esos individuos (solo extremidades superiores, o inferiores, o coxales, o columna vertebral…).

Como veis, el proceso desde que se encuentran los huesos hasta que se puede sacar algo en claro, puede pasar bastante tiempo.

Nos vemos en la próxima entrada.

Que el pensamiento crítico os acompañe, carbonian@s.

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