Un cóctel de inmunidad (II): El caso de las terneras peladas.

Hola a todos, en esta entrada os continuo hablando del cóctel de inmunidad. Por la carbonoticia anterior titulada Un cóctel de anticuerpos, ya sabéis que la cantidad de anticuerpos durante los primeros días de vida son «habas contadas». Y también, que la inmunidad de los terneros depende del número de anticuerpos que pasan por vía digestiva al torrente circulatorio. Estos anticuerpos dependen a su vez de la calidad y cantidad de calostro ingerido y de que su suministro sea precoz (para aprovechar la permeabilidad transitoria del epitelio del intestino).

Cuando la higiene es deficiente, enfrentamos los anticuerpos a gran cantidad de gérmenes, las defensas se agotan y esto permite que se produzca una infección. Mantener secas y limpias las camas, las tetinas, los  cubos de agua y de comida reduce la multiplicación de bacterias, ahorrando así en anticuerpos.

Inmunidad. En las gráficas de arriba, vemos como va apareciendo la inmunidad activa propia del ternero. Mientras, la inmunidad pasiva (obtenida del calostro) desaparece y se van agotando los anticuerpos calostrales. Hay un espacio de tiempo en el que la inmunidad pasiva está desapareciendo y la activa no está aún consolidada. A este espacio se denomina ventana de riesgo. Si el manejo del calostro, la higiene y la alimentación se hacen bien, la ventana será más estrecha y por tanto las terneras más sanas. Por el contrario, si no se cumplen estas medidas tendremos menos anticuerpos, más microbios y más terneras enfermas.

Otro factor importante es que los recién nacidos son muy sensibles al frío y hay que impedir las corrientes de aire y dotarlos de una buena cama de paja que impida la hipotermia. La pérdida del calor corporal es el resultado no solo de las bajas temperaturas, también influye una humedad relativa alta y las corrientes de aire. Un buen nido de paja seca además de dotar de comodidad a las terneritas impide la pérdida de calor y la aparición del estrés (el estrés atrasa la aparición de la inmunidad activa). Este ambiente seco reduce la multiplicación de bacterias con lo que disminuye la contaminación. Hay una escala para evaluar la calidad de la cama: La cama con mayor puntuación es aquella en la que no se les ven las patas a la ternera, como si estuviera en un nido.

El uso de prendas de abrigo (como las mantillas) en los meses invernales, es también una buena ayuda para evitar las pérdidas de calor.

Diarrea: El mayor riesgo para un recién nacido es sufrir una diarrea ya que le puede provocar deshidratación y si es muy severa, incluso la muerte. Cuando esto ocurre, el aporte de agua a los órganos periféricos (como la piel y los ojos) queda restringido para que el cerebro o el corazón sigan funcionando. ¿Y qué síntomas observamos en el ternero? Pues que sus ojos se hunden en las cuencas y la piel pierde elasticidad (tras un pellizco en la zona de las costillas, la piel tarda mucho en volver a su estado inicial). Para conocer el nivel de deshidratación que sufre una ternera existen escalas que valoran ambos síntomas y califican el grado de deshidratación que está sufriendo el animal.

Otro síntoma patognomónico (los que por sí solos son suficientes para diagnosticar una enfermedad) es la «depilación» de las nalgas debido a la acidez de las heces. Cuando visito una granja y observo muchas terneras  «peladas», lo relaciono directamente con un problema grave de diarreas.

Neumonía: Así como las diarreas se presentan en los primeros días del nacimiento, las neumonías suelen tardar más en aparecer. Aunque el contagio de las neumonías también es en los primeros días, éstas quedan latentes, sin sintomatología. Los buenos niveles de anticuerpos aportados por el calostro en los primeros días contienen esta amenaza. Colabora con este atraso de las manifestaciones respiratorias el que los rumiantes reprimen la tos. Este rasgo se considera como un instinto atávico para no manifestar debilidad frente a los depredadores y convertirse en presas fáciles.

El destete provoca una nueva situación de estrés donde bajan las defensas y se multiplican los microbios. Aparecen entonces la tos y otros síntomas respiratorios que ya no son capaces de reprimir.

Como curiosidad os cuento que para evaluar el estado de las enfermedades respiratorias en los gallineros, los veterinarios dan unas palmadas fuertes y las gallinas se asustan y se callan. Si hay un problema respiratorio, las enfermas interrumpen el silencio pues no pueden reprimir la tos. El número de golpes de tos les da una idea del estado de sus pulmones.

Y para acabar quiero agradecer a Cristina Pilar Pousada, Veterinaria de Coren (https://www.coren.es/conocenos/grupo-coren/) y especialista en pediatría de vacuno por las aclaraciones que me ayudaron a confeccionar este artículo.

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