La dorna y el porco celta

Aunque el título de esta entrada os suene raro tiene una explicación:  me apasiona el mar y siempre que puedo y el tiempo acompaña practico natación, piragüismo o vela ligera. Cuando no es posible, mi opción es “enrolarme” en aventuras marinas leyendo un buen libro. Además, como ya os he contado en otras ocasiones, ejerzo mi profesión de veterinario en el entorno ganadero. Pues estos sin mis argumentos para esta entrada, donde juntaré “devoción y obligación”. 

¿Qué tienen en común la raza de cerdo denominada porco celta y una embarcación como la dorna? Pues que además de ser muy tradicionales ambas estuvieron a punto de extinguirse porque no se adaptaron bien a los nuevos tiempos. Además, las dos resucitaron en cuanto tuvieron una oportunidad. Esto sucedió cuando la economía despuntó y permitió recuperar estos dos tesoros de la antigüedad.

La dorna es una embarcación tradicional gallega a vela y a remo y se cree que la olvidaron por aquí los vikingos, como también dejaron pelirrojos. Se hicieron muy populares y en el primer cuarto del siglo XX era muy habitual su presencia en todos los puertos de las Rías Baixas.

Como curiosidad su construcción es al tingladillo donde las tablas de madera que forman el casco están imbricadas como las tejas en un tejado. Esta construcción es también el de otras otras embarcaciones como es el caso del drakkar vikingo. Sin embargo, en el bote y en la mayoría de las embarcaciones estas tablas van a tope de junta, es decir juntándose por los extremos. Esto permite que la construcción sea más ligera (ver esquema).

Pintura de un drakkar
Esquema de un bote

A mediados del siglo XX se popularizó el uso del motor fueraborda que independizaba a los pescadores de bajura del estado de los vientos, aumentaba velocidad y ahorraba el sufrido trabajo de remar. La dorna por la disposición particular del timón no permitía acoplar un motor y fue abandonada. En cambio, el bote si se adaptó perfectamente a la motorización y muchos fueron bautizados con el nombre de Remedios, por eso de ¡Que reme Dios!  

La bonanza económica que empezó en los ochenta permitió que la gente adquiriese embarcaciones con fines lúdicos y deportivos y así empezó la recuperación de las dornas. Hoy hay una amplia flota y muchos clubs y asociaciones que se dedican a su disfrute, restauración o a su construcción. Esta bella embarcación es apta para disfrutar de la navegación silenciosa a vela o a remo y sin contaminar.

Dornas navegando por las rias gallegas.

Las dornas son excelentes también para competir en regatas o para pescar, para lo que dispone de un vivero donde se renueva el agua para guardar el cebo vivo.

El porco celta se crió para autoconsumo en Galicia en exclusividad desde posiblemente la prehistoria hasta los años cincuenta del pasado siglo. Su carne en salazón formó la parte más suculenta de la dieta del campesinado gallego hasta hace bien poco. Los animales de esta raza son muy largos, de grandes orejas, aunque muy rústicos y andarines tienen mucho hueso y menos carne y un crecimiento muy lento.

Ejemplares de porco celta.

A mediados del siglo pasado aparecieron por las ferias del país las razas europeas con mucha mejor conformación, es decir con más jamón y menos oreja. Además tenían mejor índice de conversión y con el mismo pienso eran más agradecidos y crecían y engordaban mucho mejor y más rápido. Los labradores no lo dudaron y reemplazaron la raza autóctona por estas razas foráneas de alta selección genética y muy productoras de carne.  

Así, el rústico porco celta que llevaba desde antes de los romanos en los “cortellos” de Galicia nadie lo quiso y en unos pocos años casi se extingue. El arranque de la economía de los ochenta nos permitió pensar un poco más en la calidad que en la cantidad y así empezó la recuperación de esta raza. Aunque su rendimiento es muy inferior, la carne infiltra mucho más grasa y su calidad es mucho mejor. Si a la calidad innata de esta raza se le añade un cebo final con castañas el sabor de la carne es inmejorable. En algunas aldeas de las montañas de Lugo y Ourense es tradicional en otoño dejar que las piaras pastoreen debajo de los “soutos” aprovechando las castañas, hasta que claro llega el implacable San Martíño.

Una situación similar se da en el cerdo ibérico y en otros productos que suelen seguir la norma que cuanto más productivos menos calidad y viceversa. Esta reflexión se cumple además de la carne en casi todo, desde la uva para hacer el vino hasta la madera.

¡Larga vida o porco Celta y a la Dorna! Ellos representan viejas tradiciones de tierra y mar.

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