El lenguaje de los huesos: (III) ¿Qué hace un antropólogo físico?

Sí, lo sé, van dos entradas y aún no hemos hablado de huesos. Calma, que todo llega. La entrada de hoy surge de una anécdota que se repite con cierta frecuencia. Os cuento. Cuando me preguntan a qué me dedico y respondo que soy antropóloga física, a la gente se le queda cara de póquer y hacen comentarios de este estilo: “y eso qué es, ¿que sabes mucho de Antropología y mucho de Física?” o “yo lo de Antropología lo pillo pero al juntarlo con Física me he perdido…” Así que me he dicho, hoy hablamos de…

La Antropología Física: esa gran desconocida.

En la primera entrada comenté qué se entiende por Antropología Física como Área de Conocimiento y hoy veremos algunas de las subdisciplinas que incluye. Son muchas y diversas. Y es que los antropólogos físicos estudian primates humanos y no humanos, tanto vivos como muertos. Y ahí hay mucha diversidad…

Estas subdisciplinas de la Antropología Física a veces se solapan. Se necesita de unas y otras para que los estudios sean tan completos como sea posible. Y, para qué engañarnos, todo lo que la financiación lo permita (y a veces aún si financiación hay que tirar para adelante. Triste pero cierto).

Veamos, brevemente, cuáles son las más frecuentes en el estudio de restos humanos. En primer lugar, estos estudios se engloban en la llamada Osteoarqueología o Bioarqueología. Esta subdisciplina estudia y reconstruye la historia biológica de poblaciones del pasado, de su vida cotidiana, de sus patrones de salud y enfermedad… todo ello a partir de los restos óseos y arqueológicos.

Lo primero es recurrir a la Osteología, para conocer los huesos y su Anatomía. Entonces podremos empezar a medirlos, siguiendo las indicaciones de la Antropometría. Ésta «nos explica» qué huesos  debemos medir, cómo y con qué herramientas para obtener información de cómo son los individuos de una población. Por ejemplo, si medimos en longitud algunos huesos largos (húmero, cúbito, radio, fémur, tibia y peroné) podemos conocer la estatura de cada uno de los individuos y ver la estatura media de la población. O podemos preguntarnos si hay muchas personas altas, o si hay mayoría de individuos de baja estatura y la pregunta clave, sea lo que sea que nos encontremos, es ¿por qué puede haber sucedido esto?

Luego averiguamos si el individuo que estudiamos es una mujer o un hombre. Se pueden tomar dimensiones en anchura y contorno en puntos concretos sobre esos huesos largos. Estas medidas son útiles para conocer el sexo del individuo, para usarlas en las fórmulas matemáticas llamadas funciones discriminantes. Aunque no siempre es necesario recurrir a las «mates». A veces, fijándonos en algunos puntos del cráneo, la mandíbula y los huesos que forman las caderas (coxales) lo podemos estimar, aunque solo para individuos adultos.

Para conocer la edad de los individuos infantiles el medir algunos huesos vuelve a darnos mucha información. Para los individiduos adultos lo que hacemos es observar. Miramos los lugares de unión de los huesos del cráneo (suturas), el desgaste de los dientes (teniendo en cuenta el tipo de alimentación de la población, que podía ser abrasiva), algunas partes de los coxales, si los huesos están fusionados o no (como en esta imagen)…

En cuanto a la Ecología humana y la Paleopatología… Ésto lo dejo para sucesivas entradas. ¡Ahí sí que hay chicha!

 

¡Que el pensamiento crítico os acompañe, carbonian@s!

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *