Ciencia o Leyenda

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Desde la Edad Media circulan por el mundo una serie de leyendas que donde seres terroríficos despiertan por la noche para hacer el mal. ¿Son cuentos para atemorizar a la población? ¿Cuánto de cierto hay en ellos? Hoy vamos a ver, que, en muchos casos, los vampiros, brujas y zombis podrían tener una base científica…pero no te asustes…no van a hacerte ningún daño.

Los vampiros
Hay distintas explicaciones científicas para los vampiros. Ninguna de ellas justificaría que sean seres que vuelven de ultratumba para alimentarse de tu sangre mediante mordiscos. A mí la explicación que más me gusta es la de una enfermedad que se llama porfiria. Las porfirias son un grupo heterogéneo de enfermedades metabólicas, generalmente hereditarias, ocasionadas por deficiencia en las enzimas que intervienen en la biosíntesis del grupo hemo, que es el encargado de transportar el oxígeno en la sangre. Los síntomas de estos enfermos tienen bastantes coincidencias con las características de los vampiros: son individuos pálidos, con gran sensibilidad a la luz y un desarrollo excesivo de las encías, que podría explicar el que los colmillos parezcan más grandes de lo normal. Además, el ajo empeora los síntomas de la enfermedad, lo que podría explicar que llegaran a utilizar para ahuyentarlos.
Hay quienes relacionan la “llegada” de los Vampiros a Europa con la introducción de la peste. Por ejemplo, en la película “Nosferatu” de Murnau se asocia la llegada de Drácula con la llegada de las ratas infectadas en los barcos. Aunque la sintomatología no se parece tanto como en el caso de la porfiria, sí que podría explicar el carácter “expansivo” del fenómeno.
Otra curiosidad es que los murciélagos pueden transmitir distintas enfermedades a través de sus mordeduras, por ejemplo la rabia, que como ahora veremos puede hacer que la persona se vuelva agresiva y desarrolle sensibilidad a la luz…
Quizás para explicar todos estos fenómenos, inexplicables en ese momento, se comenzó a diseminar la teoría del vampirismo.

Escena de Nosferatu, de Murnau 1922

Las brujas
Distintas enfermedades pueden explicar los extraños comportamientos descritos en las brujas. Por ejemplo, las famosas brujas de Salem podrían haber estado afectadas por la enfermedad de Huntington, que produce demencias y movimientos involuntarios (también conocidos como el baile de San Vito o Corea). Esta enfermedad es hereditaria y tiene baja prevalencia en la población y podría explicar el caso que se dio en las dos primeras acusadas, que eran primas entre ellas. Sin embargo, esto no explicaría muy bien el fenómeno de histeria que se produjo a continuación, en el que se acusó a muchas más personas. O bien se trató de un fenómeno de pánico social o bien fue causado por un agente infeccioso. Este agente podría haber sido el cornezuelo del centeno, que es un hongo parásito del género Claviceps. Éste puede causar una enfermedad que en la Edad Media denominaban “fuego de San Antón” o “fuego del infierno”. Los síntomas, además de gangrenas, pueden incluir convulsiones, accesos maníacos, aturdimientos, parálisis o temblores y alucinaciones.

Cornezuelo infectando una espiga de centeno

Los zombis
Los zombis podrían ser un claro ejemplo de otra enfermedad infecciosa: la rabia. La rabia suele ser transmitida al hombre por la mordedura de un animal infectado. La sintomatología incluye fobia a la luz y al agua, contracciones y espasmos, además de una marcada agresividad. El propio virus de la rabia es el que produce que el animal infectado desarrolle agresividad para que siga transmitiendo el virus a través de la mordedura.

Perro infectado por el virus de la rabia

Así que ya sabes, antes de creer en “historias de miedo” hay que consultar siempre si éstas han podido tener una base real, que luego hayan sido complementadas por la imaginación de un pueblo aterrorizado.

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